Si hay algo de lo que debemos cuidarnos nosotros y a nuestras familias, es de los mosquitos. El calor, la humedad y el verano son la combinación perfecta para que los mosquitos emerjan y nos ataquen. Para eso, no hay mejor protección que el repelente de mosquito.

Los mosquitos y sus picaduras, precisamente, transmiten múltiples enfermedades. Dengue, malaria y fiebre amarilla con riesgo de mortalidad son solo algunos ejemplos.

¿Qué es el repelente de mosquitos?

Los repelentes de mosquitos son sustancias aptas para niños o adultos que por su composición interfieren en los receptores químicos de los mosquitos impidiendo que estos nos ataquen.

¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de utilizar repelente de mosquitos?

Lo más recomendable es utilizar repelentes de acción prolongada que contengan DEET como principio activo. Que no sean nocivos ni generen irritación en la piel.
Debemos procurar utilizar repelentes de mosquitos efectivos pero no tóxicos. Que no sean dañinos ni con la piel ni con la ropa.
En el caso de tener niños, debemos prestar atención a utilizar un repelente especialmente apto para ellos.

Distintos tipos de repelentes de mosquitos:

Hay repelentes sintéticos (por ejemplo los que contienen DEET) y los hay con biopesticidas. Por ejemplo, los que contienen permetrina o aceites esenciales como la citronela y el citridiol.

¿Qué es el DEET?

Desde la década del cincuenta, el DEET es el principio activo más eficiente para combatir las picaduras de mosquitos. Al ser de amplio espectro también combate la picadura de pulgas y garrapatas, por ejemplo.

La concentración varía del 10% al 25%. Se recomienda utilizar siempre una concentración del 25% ya que esto nos garantiza una protección constante y de larga duración (seis horas promedio).

El DEET genera una barrera de vapor en nuestra piel impidiendo, así, que el mosquito tome contacto con la misma.

Según los especialistas en dermatología pediátrica, en el caso de los niños se puede utilizar el DEET en una concentración de 10% a partir de los 2 meses. Se recomienda nunca rociar las manos por riesgo de ingestión y rociar siempre la ropa y zapatos de nuestros niños.