La piel no es sólo el órgano más extenso del cuerpo sino, también, el que más ligado está con las emociones y los procesos nerviosos. No quedan dudas de que el estrés afecta la piel.

La caída del pelo, los brotes de acné, la psoriasis, la rosácea o el herpes, por ejemplo, están íntimamente relaciones con los procesos psicológicos de una persona. Es más, se estima que el 50% de las afecciones de la piel tienen un origen psicosomático. Incluso, el cáncer de piel muchas veces tiene un origen emocional.

La ansiedad, la depresión, la hiperactividad y el estrés afectan nuestros sistema nervioso y esto se ve reflejado en nuestra salud y en nuestra piel. Muchas veces, como brotes en enfermedades crónicas o directamente como erupciones espontáneas.

Si bien el origen de estas patologías muchas veces tiene que ver con el aspecto psicológico y el estado de ánimo de una persona, el diagnóstico y tratamiento dermatológico no varían. Es importante que el médico dermatólogo trate de una manera humana y personal a cada uno de sus pacientes para darle la contención necesaria que en estos casos se necesita.

Es importante que el médico escuche a su paciente y lo vea como un todo integral. No se trata solamente de la lesión en la piel, sino de una persona que sufre por esa lesión. Un médico que escucha y conocé a sus pacientes, es un buen médico. Esto, también favorece un buen diagnóstico y con ello, un buen tratamiento.

Un abordaje integral del paciente, también, permite evitar futuros brotes y nuevas lesiones. Técnicas de meditación, mindfulness y control de ansiedad son el acompañamiento ideal de la medicina preventiva.

En De Piel, nuestro centro especializado en dermatología y estética cuidamos a nuestros pacientes de una manera integral. Escuchando su historia y ayudando a mejorar el aspecto de su piel y autoestima.